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No cabe duda de que Jesús de Nazaret es un personaje único en la historia. Tanto creyentes como no creyentes encuentran algo especial en el hombre que dijo "amarás a tu prójimo como a ti mismo" o "el que esté libre de pecado que tire la primera piedra".

¿Fue Jesús simplemente un maestro o un filósofo? ¿Fue poco más que un defensor de la no violencia? ¿Es la atrayente personalidad de Jesús lo trascendente de su paso por este mundo?

La respuesta se encuentra en el propio nombre de Jesús, que significa salvador. El ángel que visitó a la virgen María le dijo:

"... y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados." (Mateo 1:21)

Dios determinó que cada persona sería juzgada según sus obras, los justos para vida eterna y los malos para condenación. Por desgracia la maldad inherente al ser humano (el pecado, como se explica en la sección El plan de Dios) nos hace a todos culpables ante Dios.

Jesucristo, el salvador, vino para librarnos de la muerte que merecíamos por nuestra maldad. El hecho de que fuese Dios hecho hombre hizo que su muerte sirviera como sustitución a la nuestra. No es la personalidad o las enseñanzas de Jesucristo lo más relevante, sino que, siendo santo y perfecto, diera su vida por nosotros.


La venida de Jesús a este mundo es la muestra del infinito amor de Dios hacia nosotros:

Cristo Jesús "siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz." (Filipenses 2:6-8)

Y por causa de su obra de amor, Jesucristo se establece como soberano de la creación:

Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre." (Filipenses 2:9-11)

Jesús dijo de sí mismo:

Yo soy el pan de vida (Juan 6:35)
Yo soy la luz del mundo (Juan 8:12)
Yo soy la puerta (Juan 10:9)
Yo soy el buen pastor (Juan 10:11)
Yo soy la resurrección y la vida (Juan 11:25)
Yo soy el camino, y la verdad, y la vida (Juan 14:6)
Yo soy la vid (Juan 15:5)

Cristo se mostró como el único camino para ir al cielo; como el remedio para nuestras necesidades; como el que da la vida; como el protector y cuidador.


Jesucristo es el regalo de Dios para la humanidad. El creer en él nos acerca al Creador; el tenerle como Maestro significa la paz del alma; el seguirle nos conduce a la vida eterna; el conocerle da sentido a nuestras vidas. El camino a Dios está abierto, y Jesús tiende la mano al que quiera acercarse a Él.

La Biblia nos enseña que para acercarnos a Dios es necesario lo siguiente:

1 Arrepentimiento
Reconocer que somos pecadores y que hemos hecho lo malo a los ojos de Dios.
2 Fe en Jesucristo
Creer que Jesús murió en la cruz por nosotros y nos dio perdón.
3 Entrega
Confiar en Jesucristo como salvador y vivir conforme Dios nos enseña.

Creer en Jesucristo y seguirle es la decisión más importante que puedes tomar. Cristo puede transformar tu vida, darte paz y un motivo para vivir.

Si entiendes que necesitas a Jesús en tu vida, puedes sencillamente cerrar tus ojos y hablar con Dios (Él siempre nos escucha), y decirle algo parecido a esto:

Padre Dios, reconozco que soy pecador, que he incumplido tus mandamientos. Me arrepiento de mi mal y te pido perdón. Creo en Jesucristo y en su muerte por mí en la cruz, y le acepto como mi salvador. De ahora en adelante quiero vivir conforme a tu voluntad. Gracias por salvarme y por darme vida eterna. Amén.

Si quieres más información, tienes preguntas o quieres contarnos que has decidido aceptar a Jesús, no dudes en contactar con nosotros.