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La cruz detrás, y delante

"Lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo."
Gálatas 6:14

Si los cristianos viéramos la cruz de Cristo delante de nuestras vidas y no tanto detrás, como solemos hacer, nuestras penas serían borradas como cuando se borra de una pizarra lo que se ha escrito con tiza en ella. Teniendo la cruz de Cristo delante, y no al revés, detrás de nuestras espaldas, no nos durarían mucho esas cargas físicas y morales que a veces nos abruman, sino que echaríamos nuestra carga sobre Él diciéndole:

"¡Jesús, aquí tengo esta pena, Tú has muerto pero vives, y me prometiste que estarías conmigo. Ahora te necesito. Ven."

Y Él vendría. Pero igual que las mujeres que fueron al sepulcro, el llanto y la pena no nos permiten a veces ver que el Maestro está aquí. A maría Magdalena tuvo que llamarla por su nombre para que reaccionara, y entonces reconoció a su Maestro, y cesaron las lágrimas y las penas. Ya solo restaba comunicar esta grata experiencia a los demás discípulos que se encontraban en semejante situación.

Han pasado  casi dos mil años, pero seguimos igual, nuestras lágrimas y penas no nos deja ver dónde está nuestro Maestro. Hasta que Él se acerca y dice:

"Estoy aquí, ¿por qué lloras? ¿No me ves? Estoy contigo. En medio de tu trabajo, en tu casa, en tus hijos, en tus momentos de alegría, en los momentos de tristeza, en todo yo estoy aquí en medio de vosotros. ¿Cómo no me has visto? Sí, estoy con vosotros y estaré con vosotros. No temas, ten la cruz delante, y no solo detrás. Me verás a mí, el que ha muerto, pero también ha resucitado, y vivo, y no te dejaré. Pon la cruz delante, verás cómo tu vida cambia, y no seas incrédulo, sino fiel".

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