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Tu palabra es mi luz y mi guía

Lámpara es a mis pies tu palabra,
Y lumbrera a mi camino.
(Salmos 119:105)

​Hace poco meditaba sobre el estilo de vida en Belén de Judá en tiempos de Jesús. Llamaba mi atención la forma y el estilo de iluminación en las casas de los hebreos: para ellos el tener una luz encendida en su casa, durante la oscuridad de la noche, era un asunto muy importante.

​Las casas en Belén tenían una puerta y quizás una o dos ventanas. Esto hacía que la estancia en la casa fuese oscura, y en los meses de invierno se acentuaba más. Por eso, para el sencillo hombre de Belén, la lámpara se consideraba algo muy necesario, era algo importante en el hogar.

Cuando el sol se ponía y la puerta de la casa se cerraba, se encendía entonces la lámpara o las lámparas, y estas permanecían así hasta la luz del nuevo día. Para el habitante de Belén, era de suma importancia que su casa durante la noche contara con una lámpara encendida para que al pasar el caminante o el extranjero, pudiera ver que en ese hogar había una lámpara encendida. ​¿Cuál era la razón de esto? El dormir sin luz se consideraba símbolo de la pobreza de esa persona, la ruina, el final de una familia; la lámpara daba luz a su vida y a su hogar.

Este texto nos muestra una razón muy importante, por la cual debemos leer y meditar en la palabra de Dios. La Biblia es lámpara, una luz para nuestra vida. Dice el salmista:

“Tu palabra es una lámpara que alumbra mi camino”

Cuando meditamos en la palabra de Dios, nuestra vida es llena de sabiduría, podemos enfrentar los asuntos diarios de la vida. Al hacer de la Biblia nuestra base, nuestra guía y nuestra luz, tenemos riqueza espiritual.

La palabra de Dios nos dirige en nuestra obra y camino, nos fortalece espiritualmente, instruye, nos muestra cuál es el mejor camino a seguir, nos indica la solución a los desafíos diarios que se nos puedan presentar. En la palabra de Dios, encontramos principios para nuestra vida y para vivir en armonía con nuestros semejantes, para tener paz en nuestro hogar, para ayudar a nuestros hijos.

Para poder discernir entre lo bueno y lo malo, para poder ver lo falso y apartarnos del mal. La palabra de Dios confronta nuestra realidad y al hacerlo nos transforma y cambia. En momentos de angustia, de pruebas o dolor, encontramos en ella consuelo y paz.

Nuestra fe es aumentada, fortalecida. Su palabra es un refugio para quien la busca y medita en ella, la palabra de Dios siempre colmará, llenará y sostendrá a quien permite que alumbre su vida.

La persona que no tiene la luz de la palabra de Dios en su vida, vive en pobreza y oscuridad espiritual. Solo la verdadera luz que viene de su palabra puede dar sentido a nuestras vidas.

No lo olvides: cuando hacemos de la palabra de Dios nuestra guía, nuestro caminar diario es guiado por Dios y en medio de las tinieblas espirituales de este mundo, su palabra es una luz segura que alumbrara nuestras vida para siempre.

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